Violeta 100 años

Cuando la voz es la conciencia, y los acordes de la guitarra son el arma de la memoria, late la resistencia que traspasa generaciones.

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No debemos olvidar

Eran cerca de las cuatro de la madrugada y todos estaban despiertos, a oscuras en la cima del cerro. Media hora antes los 8,8 grados Richter habían remecido con violencia el suelo, y sus corazones. Tenían miedo, las líneas telefónicas no funcionaban, los niños lloraban, y la negrura del horizonte junto al sonido intenso del mar, llenaban los espacios de incertidumbre y desesperación.

Cinco minutos antes, la voz de las autoridades resonaba en la pequeña radio a pila que tenían, informando que no había riesgo de tsunami, que todo estaba bajo control, que el epicentro había sido en tierra, por lo tanto, debían estar tranquilos.

Todos desconfiaron por un momento, es que siempre habían escuchado que cuando había un terremoto, todos debían quedarse en los cerros por precaución. Pero como desde Santaigo decían que estaba todo bien, José, su señora Elsa, y su hijo mayor decidieron bajar para buscar leche para los niños y abrigarse.

Al llegar a su hogar parcialmente destruido por la intensidad del terremoto, se dieron cuenta que algo andaba mal, no era normal tanto desastre, y el mar… casi no podían verlo, era abrumador y sintieron mucho miedo. En ese momento se dieron cuenta que debían volver pronto al cerro, corrieron a buscar frazadas y agua, pero seis minutos más tarde escucharon el vacío….

La sombra de su esposa frente al umbral de la puerta, y la luna llena tapada por la gran ola, dejaban ver su cabello al viento mirando impávida el mar aterrador, en una mano su cartera, y en la otra, el termo con leche.

De pronto el choque del agua los empujó dentro de la casa, golpéandolos contra el pasillo. A ella, no la vieron nunca más…

José y su hijo sortearon las ramas y el barro, buscando a Elsa con la mirada y la voz, aferrados al Alerce que, paradójicamente, habían pensado cortar al terminar el verano para ver juntos, el mar…

* Justicia para los inocentes que murieron por las negligencias y errores de las autoridades, para no olvidar.

Hugo Fuentealba en Radio ADN.
Reportaje de Ciper sobre las omisiones del SHOA y las responsabilidades de la ONEMI.
Imagen extraída desde aquí.

Machi

Toda la vida reflejada en su rostro, la inocencia marcada de sus ancestros, matices de herencia morena sobre sus mejillas.

Agradeciendo los secretos del alma, sonríe unida a la tierra fértil por sus manos trabajadoras, el agua nutriente de vida, y el consejo del árbol sagrado que ruega al cielo para que moje la siembra y aleje todo calcu de sus brotes.

Mujer consejera de raíces, sonrisas amables de timidez sureña, que sobrevive en un mundo de indiferencia agria, con la luz blanca de su sabiduría. #fotocuentos


Fotografía por Hugo Espinosa
Machi Comunidad Loncomahuida, Región de la Araucanía.
Texto por Carolina Cádiz – @caropaz_

Publicado originalmente aquí.