Bala

Miles de diminutas gotas se dispersaron en un segundo. Todo se tiñó de rojo y en siete minutos un ácido aroma inundó la sala.

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Omisión

“Amiga, amante, compañera de penas, sueños y alegrías”, pensaba emocionado mientras la veía dormir al lado derecho de su cama.
¿Podía pedirle más a la vida? ¿Podía acaso, dudar de su felicidad?
Una culpa invadió su pecho apretado de insatisfacción.

Y como un abismo de realidad abrió los ojos y miró sus manos vacías.
Nada había cambiado, pero nuevamente estaba solo.