Aprendizaje

Había aprendido mucho: callar cuando era debido, abrazar cuando sobraban las palabras, y confiar en el tiempo para sanar.

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Guardacostas

No había duda, él era el dueño de aquel lugar. Nadie conocía la playa mejor, ni disfrutaba como él cuando llegaban los veraneantes para que le dieran comida. Corría vigilante por la orilla, esquivando las olas, ahuyentando las gaviotas que se posaban en busca de alimento, era su entretención, y también, parte de su rito de dominio.

Se le enredaban los pelos con la arena, olfateando cada paso, descubriendo cada grano de arena con su nariz mojada.

A veces aparecían otros perros con sus dueños, todos limpios y respingones, luciendo sus collares de perros dominados, él no se intimidaba, pues la libertad corría por sus venas. Era feliz tomando sol en las rocas, saltando sobre las pulgas de mar, respirando ese aire que lo había visto crecer.

Cuando llegaba el invierno era más difícil, pero la señora Luisa le daba un pedazo de tierra en el patio con una frazada antigua para dormir, él a cambio de su generosidad, la defendía con ahínco cuando iba a la feria.

Cada tarde volvía al mar, para disfrutar la lluvia y mirar el horizonte, sabía que nadie más podía sentirse tan dueño de su tierra como él. #fotocuentos


Fotografía por Rodrigo Balladares
http://www.flickr.com/photos/dizzlecciko/
Texto por Carolina Cádiz – @caropaz_

Publicado originalmente aquí.

Regreso

El viento helado penetrando su nariz, aroma a leña, estelas de humo a lo lejos anunciando su llegada. Recuerdos de infancia grabados junto a la memoria de su madre. Una lágrima sobre las mejillas azoradas, cristalizándose en el mar intenso de su tierra.

El transboradador se acercaba despacio a la orilla, esperaba un reencuentro postergado por más de 15 años, un espacio perdido que hoy debía enfrentar, era el momento de hacerlo.

Cerró sus ojos un momento, sintió el sonido del agua chochando contra el lanchón, sus manos húmedas, suaves, no como cuando vivía aquí. Recordó los días de invierno jugando bajo la lluvia, mamá llamándolo a comer tostadas de pan amasado. Sonrió, quizás porque descubrió con los años que ese lugar tan lejano y tranquilo, sí era su hogar. #fotocuentos


Fotografía por Francisco Valdes Lagos.
@CAMAFE0
Texto por Carolina Cádiz – @caropaz_

Publicado originalmente aquí.