Atribulado

De naranjo a gris, como cuando se expone el corazón atribulado de recuerdos.

Publicado aquí.

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Durazno en flor

Las gallinas hacían eco con el canto de los pájaros mientras los gritos de Manuel y Sofía retumbaban en el horizonte y se confundían con los platos del almuerzo, la teleserie y la cháchara de las abuelas.

De pronto, expectación, silencio y pequeños ojitos curiosos aparecieron junto al gran libro de los sueños, uno que era capaz de sumergirlos en una historia fantástica, llena de ilusiones y magia durante las tardes de verano.

Los chicos, entusiastas, leían junto a su tío favorito los maravillosos relatos del libro mágico, olvidando el tiempo, a las abuelas y las gallinas, mientras esperaban impacientes el gran final bajo la sombra del durazno en flor.

Al terminar la última página, los niños volvían a trepar los árboles imaginando que escapaban de dragones y magos mientras cantaban rimas al señor del fuego y sonreían al tío encantado que venía cada tarde a rescatarlos de la rutina para envolverlos en sueños de maravillas y colores al aire libre, con abrazos de pura admiración.

Texto escrito a partir de una fotografía que me envió @C_Durdos para #Fotocuentos

Sueño de estrellas

Cerró los ojos, y sintiendo el aroma de las hojas, y el viento en sus mejillas se transportó a un lejano silencio. Estaba bajo los cipreses en su hogar de infancia mirando con admiración las pequeñas titilantes que flotaban en el cielo. Desde ese entonces, quiso descubrir el camino hacia ese mundo desconocido y mágico lleno de secretos que habitaban en el universo.

Hoy a sus 65 años, sigue estudiando la física de las constelaciones que maravilló a tantas civilizaciones y nos llevaron hacia el infinito y sus galaxias, albergando la esperanza de descubrir la sincronía de sus partículas. Quizás encontrará multiversos, y tendremos que seguir buscando el origen de ese camino mágico que vive en las estrellas.

Cuento enviado al concurso “CosmoCuentos 2016”.
Imagen extraída desde aquí.

Permanecer

Era un día diferente, las luces estaban más apagadas que ayer, y sus poros percibían el frío erizándose con cada brisa. Sus piernas parecían estar más débiles que de costumbre y sentía cómo le temblaba el músculo de la mejilla. Su cuerpo le estaba advirtiendo que algo sucedería hace tiempo, pero no había querido escucharlo.

Sus ojos comenzaron a irritarse y poco a poco enrojecieron hasta hacerla llorar, ella no entendía qué estaba sucediendo. De pronto, su corazón se aceleró, el pecho se contrajo y las manos comenzaron a sudar. Un fuerte dolor en su pecho le dio el primer indicio.
En ese minuto supo que debió ir al médico a chequear esos exámenes que tenía pendientes, pensó en esa hora que perdió en la reunión de la mañana, en el beso que no le dió a sus hijos antes de salir de casa.
Recordó el rostro de su madre, las pequeñas manitos de Julián, y los besos de su amada Ángela.

Mientras la gente la rodeaba tratando de ayudarla, pensaba en esa hora que no quiso pedirle a su jefe para ir al doctor, en lo tarde que estaba llegando a casa, y en los abrazos fuertes de Martín.

No quería que este fuera su último momento, quería tener más tiempo…
Cerró los ojos, y se entregó a la brisa, esperando despertar pronto para vivir… Sí, ahora sí, vivir.