Querida

Emocionada fue al supermercado y compró una torta de mil hojas, globos, una serpentina y un ramo de flores violetas. Hoy, al igual que el año anterior, nadie la había llamado para su cumpleaños pero ella aún esperaba cumplir el rito que compartía hace 54 años con su mamá de celebrar con una fiesta a la hora del té.

Esperó que dieran las seis, puso un disco de Juan Gabriel, sirvió cuatro tazas de té con canela sobre la mesa, y le puso las velas a la torta. Esperó hasta las ocho, hasta las nueve, pero nuevamente nadie llegó ni sonó el teléfono.

Esa noche, mientras dormía soñó que llegaba mamá y tomaban el té juntas cantando “querida” a todo pulmón, riendo de buena gana con sus chistes y locuras. Al fin recibió ese saludo de cumpleaños que tanto había esperado. Abrió los ojos, suspiró y pudo dormir en paz.